En Bogotá, Colombia, una iniciativa gubernamental llamada "manzana del cuidado" está abordando el problema del trabajo de cuidados no remunerado que suelen realizar las mujeres. Ubicado en un modesto edificio gubernamental en el centro, el programa ofrece servicios como cuidado infantil, educación y actividades recreativas tanto para las cuidadoras como para las personas a las que cuidan.
Las manzanas del cuidado tienen como objetivo redistribuir la carga del trabajo de cuidados no remunerado, reconociendo su valor económico y social. Rachel Cohen Booth, corresponsal sénior de políticas de Vox, informó que la iniciativa busca crear un sistema de apoyo para las mujeres que a menudo compaginan múltiples responsabilidades sin los recursos adecuados.
El programa ofrece una variedad de servicios, que incluyen educación infantil temprana, cuidado de relevo para familiares ancianos o discapacitados y capacitación en habilidades para las cuidadoras. Estos servicios están diseñados para liberar el tiempo de las mujeres, permitiéndoles continuar con su educación, empleo o simplemente descansar y recargar energías.
El concepto de reconocer y valorar el trabajo de cuidados no remunerado está ganando terreno a nivel mundial. Las tecnologías de IA podrían desempeñar un papel en la cuantificación y el análisis del impacto económico de los cuidados no remunerados, proporcionando datos para respaldar las decisiones políticas. Los algoritmos de aprendizaje automático se pueden utilizar para identificar patrones y predecir la demanda de servicios de atención, lo que permite a los gobiernos asignar los recursos de manera más eficaz.
Sin embargo, el uso de la IA en este contexto también plantea consideraciones éticas. Es fundamental garantizar que los sistemas de IA se diseñen e implementen de manera que promuevan la igualdad de género y no perpetúen los sesgos existentes. La privacidad y la seguridad de los datos también son preocupaciones importantes, ya que los sistemas de IA pueden recopilar y procesar información confidencial sobre las cuidadoras y sus familias.
El experimento de Bogotá está siendo observado de cerca por otras ciudades y países interesados en abordar el problema del trabajo de cuidados no remunerado. El éxito del programa dependerá de su capacidad para crear un sistema sostenible y equitativo que beneficie tanto a las cuidadoras como a las personas a las que cuidan. Es probable que los desarrollos futuros impliquen la expansión del programa a otras partes de la ciudad y la incorporación de nuevas tecnologías para mejorar su eficiencia y eficacia.
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